Tengo mis manos carcomidas; la voz apedreada; el recuerdo reducido a cenizas verdes, lanzadas como escupitajos a la muralla incierta de mi soledad. Yo tengo el sabor de un perro universal vagabundo en mis labios; de una pequeña muerte colmada de besos tiernos en mis deshilachados pantalones metafísicos; tengo la sensación de un par de inviernos construidos con palabras medias borrachas, entre la cavidad melancólica de aquello que no me pertenece y que miro como si estuviera...
Tengo a la perra muerte meándome los zapatos nuevos.
Me describo entre luces y teorías que a esta hora se vuelven desagradables. Y como un plato de tripas me voy introduciendo en la garganta siniestra de la historia mal contada.
Viene hacia mí el animal negro de la flojera humana, a lamerme los sobacos y el sexo, con la atractiva sensación de la incertidumbre desnutrida de amores, de ciudades, de libros,de guerras, de vidas, de luchas, de sangre, de golpes, de besos, de muertes. Viene hacia mí como va a todos, de la misma manera fría y cómoda ¡Que se vayan al infierno los que la dejan entrar!
martes, 16 de diciembre de 2008
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